Clara Petacci, es una de las imágenes más célebres, y también brutales, de la historia reciente de Italia.Â
Cinco cadáveres permanecen colgados boca abajo y son objeto de burla y escarnio por parte de una muchedumbre cansada de la guerra. Entre ellos se encuentran los cuerpos del lÃder fascista Benito Mussolini y el de una mujer.
Muchos, al verla, la confunden con Rachele Guidi, su esposa durante tres décadas, pero no es ella. La mujer a la que han colgado junto a Mussolini es su amante, Clara Petacci, una figura fundamental en los últimos años de vida del duce. A pesar de que habrÃa podido huir, Petacci prefirió quedarse junto a él y acabar sus dÃas con el hombre al que siempre habÃa amado.Clara Petacci, Claretta, como la conocÃan sus más allegados, nació en Roma el 28 de febrero de 1912 en el seno de una familia burguesa.
El cabeza de familia, Francesco Saverio Petacci, formaba parte del equipo médico del papa PÃo XI y dirigÃa una clÃnica de alto standing en Roma. Por su parte, la madre, Giuseppina Persichetti, era una ferviente católica y era raro verla sin un rosario en sus manos, tal como cuenta el historiador de la Universidad de Oxford Richard J. B. Bosworth en su biografÃa de Clara Petacci. La joven, que tenÃa aptitudes artÃsticas, estudió música y fue alumna del violinista y compositor italiano Corrado Archibugi. Clara poseÃa además un gran atractivo fÃsico y una inteligencia despierta. También le gustaba mucho la lectura y lo anotaba todo en su diario.
Muy pronto, la joven se sintió atraÃda por la figura de Benito Mussolini. De hecho, su habitación de estudiante estaba empapelada con fotos del dictador que por aquella época ya rondaba los cincuenta años.El azar hizo que el 24 de abril de 1932, una joven Clara Petacci de veinte años se cruzara en el camino de Benito Mussolini cuando viajaba junto a su familia y su prometido, Riccardo Federici, por la carretera que iba de Roma a Ostia.
De pronto, un Alfa Romeo adelantó al coche de la familia a toda velocidad y Clara, al ver quien era el conductor del vehÃculo, empezó a gritar emocionada: «¡Il duce, Il duce!». Entonces, Claretta, que ya le habÃa habÃa enviado varias cartas en las que le declaraba su admiración, se quedó perpleja cuando el coche del dictador se detuvo y accedió a intercambiar unas palabras con ella. Con voz temblorosa Clara le dijo: «Perdóneme, duce, soy Claretta Petacci y él es mi novio». Mussolini también quedó absolutamente fascinado al conocer a Clara, tal como cuenta la escritora franco-belga Diane Ducret, que explica que el duce estaba encantado mientras hablaba con aquella «chica de preciosas curvas, tez clara, ojos melancólicos y pecho opulento».A pesar de todo, Clara se casó con Federici en 1934, pero la pareja se separó apenas dos años después de la boda.
De hecho, algunas fuentes apuntan a que sus vidas ya habÃan tomado rumbos distintos incluso antes del enlace. Todas las investigaciones biográficas están de acuerdo en afirmar que Clara estaba realmente enamorada del ducey que fue una amante devota e incondicional, aunque no fue la única ni por supuesto la primera. Aun asÃ, las «audiencias» de Mussolini con Clara, que tenÃan lugar los domingos después de misa en el Palacio Venezia de Roma dejaron de ser esporádicas para pasar a ser cada vez más frecuentes. La esposa del duce, Rachele Guido, conocÃa perfectamente la relación de su marido con aquella mujer, veintinueve años más joven que él, y a pesar de que intentó por todos los medios apartarlo de ella, no tuvo éxito y tuvo que soportar con estoicismo ver como la joven se mudaba al exclusivo barrio de Villa Camilluccia, en Roma, y como se paseaba por la calles de la capital con chofer y acompañada de guardaespaldas.
Pero para los italianos, el duce sólo tenÃa una esposa: Rachele Guidi. La historia de Rachele es curiosa, puesto que era hija de una de las amantes del padre de Mussolini, Alessandro Mussolini, lo que llevó incluso a especular con la posibilidad de que ambos fuesen hermanos. El caso es que Rachele, segunda esposa de Mussolini (la primera, Ida Dalser, acabó encerrada en un manicomio) sufrió pacientemente todas las infidelidades de su marido, que tuvo relaciones con aristócratas, burguesas de derechas y de izquierdas, e incluso con MarÃa José de Sajonia-Coburgo-Gotha, una princesa hija de Alberto I de Bélgica y esposa del heredero del rey VÃctor Manuel de Saboya III, el prÃncipe Umberto.
Con Fernanda Oss Facchinelli, y posiblemente con alguna otra, Mussolini también tuvo hijos fuera del matrimonio. Pero Clara era distinta. Rachele sabÃa que la joven habÃa venido para quedarse, y tal vez incluso para sustituirla.Pero Mussolini era un hombre celoso. Por ello, el duce la obligó a recluirse en su lujoso apartamento, donde la joven pasaba las horas documentándolo todo con gran minuciosidad. En su diario, Clara dejó descripciones detalladas de sus relaciones Ãntimas con el dictador y también plasmó sus ideas polÃticas.
Cuando tuvo que huir precipitadamente de Italia, entregó aquellas más de dos mil paginas a su amiga la condesa Rina Cervis, que las enterró en el jardÃn de su villa en Brescia. Este documento fue descubierto en los años cincuenta por la policÃa. Mucho después, en el año 2009, saldrÃa a la luz una selección de esos diarios recopilados por el periodista Mauro Suttora en su libro Mussolini secreto. Los diarios de Claretta Petacci. 1932-1938. En sus páginas se revelaba el lado más cotidiano de «Ben», como ella llamaba cariñosamente al duce, al que definÃa como un antisemita fascinado por Hitler y un adicto al sexo que sufrÃa frecuentes episodios de impotencia.Lo que es evidente es que Clara sentÃa verdadero amor por aquel hombre.
Mussolini confesó a Petacci una vez que habÃa tenido más de quinientas amantes, pero que la mayorÃa de ellas tan solo habÃan pasado unos minutos por la Sala Mapamundi del Palacio Venecia, donde Mussolini habÃa instalado la sede central de su gobierno. Pero también le aseguró que a partir de ahora ella serÃa la única mujer de su vida. «Amore, ¿por qué te niegas a creerme?», le preguntaba cuando ella parecÃa poner en duda sus afirmaciones. Asà se puede leer en la obra de Rosa Montero Dictadoras. Las mujeres de los hombres más despiadados de la historia.Entre cartas, poemas y encuentros bastante subidos de tono, la relación entre ambos iba viento en popa mientras a su alrededor todo se hundÃa: Italia estaba a punto de derrumbarse y Alemania se acercaba irremisiblemente al abismo.
Sin embargo aquella relación no era vista con buenos ojos por el pueblo italiano y Mussolini acabó siendo destituido por Victor Manuel III.En poco tiempo, todo pareció venirse a bajo para Mussolini. Expulsado del gobierno por el rey, fue encarcelado y enviado a prisión en el Monte Gran Sasso. Allà fue liberado por los alemanes y se instaló en el lago de Garda, donde presidió un gobierno tÃtere del Tercer Reich: la República Social Italiana, más conocida como la «República de Saló». A principios de 1945, Clara se reunió con su amado. Pero cuando vio que el fin era inminente, Mussolini preparó la salida de su amante, y la de la propia Rachele y sus hijos, y les dijo que habÃa un coche esperándolos para llevarlos al aeropuerto y tomar un avión rumbo a España, donde, les aseguró, serÃan bien tratados.
Clara se negó rotundamente a dejar al duce. De hecho, era su última oportunidad para ser la única mujer en su vida. «Si esa es tu decisión y es lo que quieres yo lo acepto, pero quiero que sepas que me gustarÃa estar contigo hasta el final y morir contigo si tu destino es morir», le dijo Clara a Mussolini, a lo que este contestó: «Que extraño amor es el tuyo Claretta, no se qué he hecho para merecerlo. Vete por favor, sálvate por favor. Eres muy joven, atractiva e inteligente, te queda mucha vida por delante; la mÃa se acaba».El 27 de abril de 1945, Mussolini hizo un último intento de escapar de los aliados, pero al final fue capturado por una patrulla de partisanos. El dictador fue trasladado desde el Ayuntamiento de la localidad de Dongo a una casa particular por temor a que los alemanes o los propios aliados se lo pudieran llevar. Clara entonces pidió quedarse con Mussolini, a pesar de que los partisanos le habÃan ofrecido escapar.
Al dÃa siguiente, 28 de abril, todos los ocupantes del vehÃculo, incluida Clara Petacci, fueron fusilados y sus cuerpos trasladados a Milán, donde serÃan colgados por los pies para un póstumo escarnio público. El amor de Clara Petacci por el duce acabarÃa costándole muy caro.guerra del pacÃficoTras la caÃda de la isla de Guam en manos del ejército norteamericano, Shoichi Yokoi, un sargento del Ejército Imperial Japonés, decidió ocultarse en la selva para preservar su honor y no entregar las armas al enemigo. Allà pasó casi tres décadas en completa soledad hasta que fue encontrado en 1972 por unos cazadores. A su regreso a Japón, Yokoi fue recibido con todos los honores y se convirtió en un héroe nacional segunda guerra mundialLa tranquila vida de Desmond Doss, un hombre con unas profundas convicciones religiosas, se vio alterada tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando se alistó en el ejército norteamericano.
Destinado al frente del PacÃfico formando parte del cuerpo médico, Doss, que debido a sus ideas iba desarmado, salvó la vida de casi cien compañeros en Okinawa sin disparar una sola bala.Nació el 15 de noviembre de 1891, Erwin Rommel fue un héroe para los alemanes y el oficial más respetado y temido por ejército británico, que llegó a apodarlo «el zorro del desierto». Pero al final Adolf Hitler le obligó a suicidarse acusado de participar en un golpe de Estado.
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